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Se caracteriza por deseo intenso de pesar menos, cada vez menos, intenso miedo a la obesidad y un peculiar trastorno del esquema corporal: se ven más gruesas de lo que en realidad están. El método para conseguir esta progresiva pérdida de peso está en una intensa restricción alimentaria, en el ejercicio físico y en las conductas de purga. Cada vez es más frecuente que el diagnóstico proceda de la inquietud despertada en una familia, por los medios de comunicación, más que por la apreciación objetiva de la peculiar forma de alimentarse una paciente. La tolerancia social al bajo peso ha aumentado e incluso la amenorrea de las anoréxicas no parece despertar mayor recelo en las madres. Las dietas bajas en calorías sin que el peso de la paciente lo justifique o aconseje, cuando la dieta, el peso o la figura sean las primeras preocupaciones en vida de una adolescente o cuando el temor y rechazo al sobrepeso sean exagerados, nos obligarán a pensar que esa muchacha está en riesgo de convertirse en una anoréxica. No aceptarse como se es, tomar el cuerpo como algo que se puede moldear a voluntad y pensar en los alimentos únicamente en su relación con la ganancia de peso, creer que éstos tienen cualidades o defectos diferentes a las científicamente reconocidas, una excesiva sumisión a estereotipos de la moda y una notable credibilidad a los medios de comunicación, con sus mensajes relacionados con la belleza, el peso y la figura, son pensamientos y actitudes peligrosas, que deben ser motivo de alarma, y de un precoz control de la situación para evitar la aparición de la enfermedad en toda su sintomatología.
Se dividen en dos subtipos:
Tipo restrictivo: Durante el episodio de anorexia nerviosa el individuo no recurre regularmente a los atracones o las purgas (Vómitos, laxantes, diuréticos o enemas). Tipo purgativo: Durante el episodio de anorexia nerviosa el individuo recurre regularmente a los atracones y las purgas (Vómitos, laxantes, diuréticos o enemas).
El diagnóstico de la anorexia debe hacerse de modo que deben estar presentes todas las alteraciones siguientes: A. Pérdida significativa de peso (índice de masa corporal o de Quetelet1 de menos de 17.5). Los enfermos pre-púberes no pueden experimentar la ganancia de peso propia del período de crecimiento. B. La pérdida de peso está originada por el propio enfermo a través de: 1/ evitación de consumo de alimentos que cree que "engordan" y por uno o más de uno de los síntomas siguientes: a/ vómitos autoprovocados, b/ purgas intestinales, c/ ejercicio excesivo, d/ consumo de fármacos anorexígenos o diuréticos. C. Distorsión de la imagen corporal, se caracteriza por la persistencia, con el carácter de idea sobrevalorada intrusa, de pavor ante la gordura o flacidez de las formas corporales, de modo que el enfermo se impone a sí mismo el permanecer por debajo de un límite máximo de peso corporal. D. Trastorno endocrino generalizado que afecta al eje hipotálamo-hipofisario-gonadal manifestándose en la mujer como amenorrea, no se considera menstruación si se utilizan hormonas sustitutorias, y en el varón como una pérdida del interés y de la potencia sexuales. También pueden presentarse concentraciones altas de hormonas del crecimiento y de cortisol, alteraciones del metabolismo periférico de la hormona tiroidea y anomalías en la secreción de insulina. E. Si el inicio es anterior a la pubertad, se retrasa la secuencia de las manifestaciones de la pubertad, o incluso ésta se detiene (cesa el crecimiento; en las mujeres no se desarrollan las mamas y hay amenorrea primaria; en los varones persisten los genitales infantiles).
Las alteraciones conductuales de la Anorexia Nerviosa se inician cuando las pacientes comienzan su dieta restrictiva, en muchas ocasiones es difícil para los familiares delimitar el punto exacto en que la paciente pasa de una dieta moderadamente baja en calorías a otra francamente hipocalórica. La progresiva restricción alimentaria despierta la alarma de la familia, la paciente intenta mantener oculta la conducta de rechazo a la comida utilizando diferentes subterfugios, dice que no tiene apetito, o que ya ha comido a otras horas. En realidad, malcome a solas, tira la comida, la esconde o simplemente se enfrenta a la familia manteniendo tercamente su escasa dieta. También se alteran las formas de comer, las anoréxicas, generalmente ordenadas, pulcras y educadas, parece que olvidan las normas sociales relativas a la mesa, se puede observar como utilizan las manos, comen lentamente, sacan comida de la boca para depositarla en el plato, la escupen, la desmenuzan y terminan estropeando los alimentos. Es paradójico que este rechazo de la anoréxica por la comida se acompañe, en ocasiones, por el deseo de que el resto de la familia se alimente bien, algunas de ellas cocinan de forma excelente para los demás mientras ellas malcomen aparte. Se pueden convertir en expertas en cuestiones dietéticas y coleccionar de forma casi obsesiva todo tipo de menús y dietas. Pero a veces la dieta restrictiva no es suficiente para conseguir el peso deseado, entonces la anoréxica descubre otras armas para conseguir su objetivo, y al malcomer se suman los vómitos, los laxantes o diuréticos y el ejercicio exagerado. Se vomita después de comer a escondidas, y de no poder hacerlo en el lavabo se guardan los vómitos en cualquier rincón, esperando la ocasión propicia para deshacerse de ellos. Como la restricción de la alimentación provoca constipación la anoréxica se hace habitual del uso de los laxantes. La exagerada sensibilidad para detectar sensaciones internas, como hemos comentado anteriormente, hace que no toleren sentirse o pensar que están con el aparato digestivo ocupado. El uso y abuso de los laxantes cumple dos objetivos: por un lado combatir el estreñimiento, en realidad su uso potencia la constipación, y por otro vaciar lo antes posible el aparato digestivo para pesar cada vez menos y sentirse más ligeras. Otra conducta peligrosa por parte de las anoréxicas es la utilización de diuréticos, ya sea por las alteraciones de la dieta, por la hipoproteinemia o por los problemas circulatorios algunas anoréxicas pueden presentar edemas, que combaten con diuréticos, la mala utilización de estos fármacos provoca graves trastornos electrolíticos. Una alteración conductual que se da en la mayoría de estas pacientes, al pretender bajar de peso, es la hiperactividad. En muchas ocasiones, sin embargo, la razón para permanecer en pie se debe no al deseo de consumir mas calorías sino al hecho de que al sentarse ven sus muslos y caderas más anchos. Al principio estas actividades son practicadas de forma manifiesta pero cuando la familia se alarma lo hacen de forma oculta. La hiperactividad es uno de los mayores obstáculos una vez iniciado el tratamiento, las pacientes se resisten a dejar de hacer ejercicio, especialmente cuando se ven asaltadas por los pensamientos referidos a su ganancia de peso.
Es decir, están alterados los siguientes aspectos * Conducta alimentaria * Hiperactividad * Comportamiento familiar * Conducta social * Respuesta conductual a la psicopatología
La población joven del mundo occidental tiende a homogeneizarse, con similar formación escolar, iguales intereses culturales y las necesidades básicas cubiertas, se puede decir que el grupo de riesgo para la anorexia nerviosa (A.N.) ha aumentado de forma espectacular en los últimos cincuenta años al englobar a toda la población femenina adolescente. Sabemos que una gran parte de nuestra población femenina tiene actitudes anormales frente a la alimentación; los deseos de perder peso, mantener la figura o una excesiva credibilidad a los mensajes de los medios de comunicación son la causa principal de este aumento. No debemos olvidar que esta "Cultura del cuerpo" ha movilizado grandes intereses económicos, lo que supone una presión constante.
A/ Incidencia y Prevalencia: El alarmante aumento de la incidencia y prevalencia en Europa, EEUU y Canadá se ha podido observar en los últimos treinta años merced a estudios de seguimiento. Antes de los años sesenta se consideraba que la incidencia de A.N. era del 0.24 al 0.45 por 100.000 habitantes al año, después de los sesenta esta cifra ha aumentado hasta el 1.6 por 100.000. B/ Sexo: La anorexia nerviosa se manifiesta ligada al sexo femenino de una manera rotunda, hay unanimidad en todos los trabajos al considerar que el 90-95% son mujeres. En la tabla 3 se recogen aquellos estudios sobre una población superior a 100 individuos donde queda manifiesta la preponderancia del sexo femenino en esta patología. Se considera que en esta predisposición intervienen más los factores socioculturales que los de índole biológica. C/ Edad: Otra constante epidemiológica que se mantiene con más o menos regularidad, a pesar del tiempo transcurrido, es la edad de aparición, que suele ser al final de la niñez, durante la adolescencia y al inicio de la juventud. Después de esta edad la incidencia es mucho menor, la edad de aparición cada vez es más precoz y se mantienen cifras bajas de inicio del trastorno después de los 25 años. D/ Nivel socioeconómico: Desde los primeros trabajos, clínicos o epidemiológicos, se manifiesta de forma explícita que la anorexia nerviosa se presenta con mayor frecuencia en unos estratos socioculturales concretos: altos y medio altos. En los primeros trabajos de los años setenta destaca que es superior la incidencia de este trastorno en las escuelas de mayor nivel social. Más tarde se observó que si bien hasta 1975 el 70.6% de las pacientes anoréxicas pertenecían a las clases altas a partir de esa fecha se reducían al 52%. Se considera que los cambios de distribución de la enfermedad hay que atribuirlo a las actitudes de los adolescentes, independientemente de la clase social, hacia la comida, la sexualidad, la imagen corporal y el peso. El nivel de exigencia y la disponibilidad de alimentos son similares entre los miembros de diferentes clases. E/ Educación: La mayoría de los autores y de forma unánime consideran que las pacientes anoréxicas son muchachas con un buen rendimiento intelectual, que tienen éxito en sus estudios y que por pertenecer a clases medias y altas pueden desarrollar estas capacidades; estas características unidas a la autoexigencia, perfeccionismo y deseo de agradar a los demás se interpreta habitualmente como un marco adecuado donde desarrollar el trastorno.El desarrollo de las sociedades occidentales, que ha elevado el nivel de vida de la mayoría de la población, garantizando unos niveles suficientes de subsistencia, y la educación a la mayoría de los jóvenes ha propiciado un aumento del grupo de riesgo. La población joven de estas sociedades occidentales tiene muchos puntos en común: programas educativos similares e intereses culturales comunes: moda, música, cine etc., que les hace por un igual susceptibles frente a la presión cultural de los estereotipos culturales, "la cultura de la delgadez y el éxito a través de una figura atractiva". Se observa que la incidencia de estos trastornos ha aumentado en países como el nuestro, que en las tres últimas décadas, se ha incorporado al grupo de sociedades occidentales mas progresistas. En la actualidad ya se esta observando como los países del este al adoptar el modo de vida, en lo político y cultural, occidental detectan un progresivo aumento de trastornos alimentarios. |
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